Strait of Magellan & Chilean Fjords

viernes, 14 de noviembre de 2025

 

Buque de Naviera Wisdom

            (Jaime Barrientos Proboste-Práctico de Canales)

 

El buque granelero de propiedad de una compañía naviera con asiento en la china insular (Taiwán-Ex Formosa) en el cual nos encontrábamos embarcados mi colega y yo, se aprontaba a salir al mar océano por la boca occidental del Estrecho de Magallanes. En las horas previas a esa etapa del viaje hacia el norte del país, permanecíamos expectantes de ver como se comportaría la nave cuando estuviera totalmente expuesta a la inclemencia del temporal que azotaba gran parte de la Patagonia chilena. El mal tiempo se había hecho sentir durante todo el trayecto iniciado a temprana hora de la madrugada del día anterior en la Bahía Posesión -allí muy cerca del acceso al Estrecho de Magallanes cuando las naves se aproximan por el Océano Atlántico- hasta ese momento en que el Cabo Pilar se mostraba fuerte y claro en las pantallas de radar y el dispositivo de cartas electrónicas, luego de casi 24 horas de estadía a bordo.

 

La noche anterior, cuando la escala de prácticos estuvo a nuestro alcance, una ola estalló entre la lancha que nos transportaba y el negro casco del buque que se insinuaba aún más largo de lo que sus medidas oficiales acreditaban, sumado a ello su reducido franco bordo lo hacía ver como una gran viga flotando en el mar.  Sin duda, la envergadura de la nave revelaba ser una poderosa construcción, en cuyas bodegas se transportaban más de 70.000 toneladas de carbón de origen mineral. Mientras se desplazaba por las oscuras aguas, en su navegar removía otras tantas miles de toneladas de agua salada. Procedía desde su puerto de carga en Colombia, siendo su destino un puerto de la zona norte de Chile. Al embarcar en dicha nave, cuando Jorge iniciaba su ascenso pegado al casco y bien agarrado de la escala de cuerdas y madera, el pantalón de Jorge recogió parte del agua de un challazo que volaba por el aire impulsada por el viento reinante. Luego fue mi turno y con un poco de suerte llegué seco a la cubierta principal.

 

Como es costumbre durante la maniobra descrita, uno de los Prácticos de Canales se dirige aprisa hacia el puente de Gobierno, mientras el otro espera el bagaje hasta que es izado por un par de marineros desde la lancha hasta la cubierta de la nave mayor. Entonces, este último se encamina hacia el interior del buque para acomodar el equipaje de cada uno en las cabinas asignadas.

 Ya en el Puente de Gobierno, llamado “Wheelhouse” o “Bridge” en lengua anglosajona, ambos marinos pasan a ser parte del equipo humano de trabajo conocido como “The Bridge Team”. Este término y la pertinente normativa fue definido hace varios años por quienes trabajan en la creación y publicación de muchas de las normas reglamentarias que son reguladas en la Organización Marítima Internacional (O.M.I.) con sede en Londres, Reino Unido y aplicadas a las naves mayores y sus dotaciones destinadas al transporte marítimo.

 

Una vez verificada la condición de los camarotes o cabinas asignados a nosotros, los nuevos “huéspedes”, subí las tres cubiertas que nos separarían de la zona de trabajo y nuestro lugar de descanso, para presentarme al Capitán de la nave. Luego de abrir la puerta del Puente de Gobierno, nos saludamos  e  intercambiamos información complementaria a lo que ya había hecho mi colega. Características de la nave, condiciones evolutivas de la misma, velocidad a desarrollar en diferentes condiciones de mar y corrientes marinas, condiciones climatológicas y otras de carácter técnico para así proponer la ruta a navegar dentro y fuera de la zona de canales. Mientras tanto, el Práctico de Guardia, que ya había asumido el control de la navegación con la anuencia del Capitán de la nave, se aprontaba a enfilar  la nave hacia la Primera Angostura. Pocos minutos más tarde, cuando estuvimos al través del VTS (estación de control de tráfico marítimo) de Punta Delgada, nos reportamos a esa estación naval comunicándole fechas y hora de del buque por determinados puntos de la ruta a navegar.

 

Cuando la luz del sol ya no alumbraba las cumbres del paso bioceánico, la nave continuaba su desplazamiento hacia el Océano Pacífico, su andar disminuía poco a poco por causa de las rachas de viento que alcanzaban a los 50 nudos procedentes del Nornoroeste. Estas producían un fuerte ruido al encontrarse con la metálica estructura que avanzaba en esa dirección a través del Paso del Mar. La oscura noche y la lluvia intensa agregaban mayor expectación al escenario que encontraríamos al pasar al través del Cabo Pilar y comenzar a adentrarnos en el océano, abierto e imbatible. No tan lejos, allá en Los islotes Evangelistas, los hombres de la Armada de Chile que permanecen por largos períodos instalados allí, serían al cabo de algunas horas, nuestro próximo y último contacto radial con la tierra magallánica de nuestro país. A ellos les reportaríamos nuestro paso por sus inmediaciones y otros datos que son parte del protocolo de seguridad marítima establecido por la autoridad asentada en el puerto de Valparaíso.

Era nuestro segundo día a bordo cuando el Capitán nos comunicó que requería una opción más segura para la nave dadas las adversas condiciones de viento y mar, de modo que solicitó que enfiláramos hacia Cabo Jorge, para así entrar a los canales patagónicos y capear las altas y poderosas olas que provocaban persistentes balances pronunciados a la nave. Ya por el mediodía pasamos el Cabo Jorge, una vez que estuvimos en las protegidas aguas del Estrecho Nelson nos acogió un mar en calma. El movimiento incómodo y agotante cesó y la vida a bordo se tornó más llevadera.

 

A la hora de almuerzo, el camarero llegó al Puente de Gobierno con una bandeja y dos platos de sopa de pollo que pretendía ser una cazuela para nosotros, pero sin todos los ingredientes conocidos dentro de nuestra cultura culinaria chilena. Antes, yo le había hecho un listado al oficial de Guardia con los ingredientes básicos que el cocinero necesitaría usar -si lo tenía a bien- para componer y preparar ese plato conocido para nosotros.

Más tarde, en el tiempo de mi descanso y para nuestra fortuna, se dio la ocasión para que yo preparase nuestra cena de modo que el cocinero, con mucha amabilidad, me permitió preparar una pequeña porción de arroz con algunas verduras que le diesen aspecto y sabor distinto al arroz blanco y lavado que acostumbran comer los habitantes del lejano oriente. No tardó el cocinero en observar lo que yo cocinaba en ese momento, siendo así que los días siguientes preparó nuestra comida de manera muy similar a nuestro estilo e incluso copió muy bien la cazuela de pollo.  

Ya le había contado a Jorge que en otro buque en el cual preparé pechuga de pollo al jugo con variadas verduras, el cocinero también me copió la fórmula y la repitió, de manera que en esa ocasión comimos lo mismo durante cuatro días a la hora de almuerzo y cena. Estas situaciones son parte de las anécdotas y vivencias encontrarse con gente de distintas nacionalidades y costumbres en las naves mercantes de tráfico internacional.

 

En nuestra ruta por el Canal Sarmiento, estando en las proximidades de la Angostura Guía, nos encontramos con naves menores cuyos tripulantes dan muestra de fortaleza y coraje notables al navegar y trabajar en una zona que se caracteriza por sus bajas temperaturas y generalmente azotada por fuertes vientos y lluvia. Ellos se dedican a la extracción de algunos recursos marinos como lo son bivalvos y crustáceos de gran tamaño, durante las épocas establecidas por la autoridad de pesca pertinente. Sus bodegas, capaces de almacenar varias toneladas de esos productos, son transportadas desde los helados fiordos de la región donde se encuentran los Campos de Hielo Sur, hacia el puerto de la ciudad enclavada en el Seno de Última Esperanza, Puerto Natales. También y con el mismo lugar de destino, por un costado de nuestra nave, nos encontramos con el “Trinidad I”, en su ruta desde Puerto Montt, sirviendo a la conectividad marítima entre la Región de Magallanes y la Región de Los Lagos, mientras por el otro costado de nuestra nave observamos el lento desplazamiento del “Ultra Tronador”, que esperaba mejores condiciones de mar y viento en el Canal Concepción, para entrar al Terminal Marítimo de la Isla Guarello –aquella de los hombres solos- y embarcar un nuevo cargamento de piedra caliza cuyo destino usual es el muelle de Huachipato, en la VIII Región. A lo lejos y a una distancia poco mayor a las veinte millas nos seguía aguas el buque de pasajeros “Cristal Simphony”, nave de pasajeros en la que estuve hace varios años en la cual se encontraba de guardia Eugenio, con quien hablé por pocos minutos contestando a su llamada por VHF.

 

 

MN “Sakizaya Noble” – Tercer Piloto y Timonel

 

El viento ya había comenzado a disminuir en intensidad cuando el destello del faro Tudor estuvo por nuestro costado de babor. La ola del suroeste comenzó a manifestarse con poca energía que la que se esperaba, de manera que no iba a ser necesario capear ninguna condición de viento y mar adversas a nuestro navegar buscando refugio en los canales Ladrilleros y Fallos, que se encuentran en la ruta previa a enfrentar el Golfo de Penas. La llegada a la Estación de Prácticos de Laitec, allá en el lado sureste de la Isla Grande de Chiloé, ya se podía estimar con mayor precisión.

 

jueves, 2 de diciembre de 2021

Puente Río Robalo

 Soplaba un frío viento del este cuando Vladimir y yo nos embarcamos en el bote motor “Soapy” para llevarnos al muelle de pescadores en la pequeña y austral ciudad de Puerto Williams.  Una vez en tierra dirigimos nuestros pasos hacia el poniente, con suficiente ánimo para caminar los casi 6 kms. que distan del lugar donde estuvo emplazada la “Batería Robalo”. En dicho lugar estuvieron apostados hace más de 4 décadas algunos infantes de marina, hecho ocurrido durante la época en que los ánimos en el Beagle estaban un tanto “caldeados” por el deseo de apropiación de nuestros vecinos respecto de un trío de islas chilenas ubicadas al oriente de la Isla Navarino. Dios misericordioso impidió que el asunto desembocara en una tragedia.

El bosque de lengas y ñirres, donde los primeros predominan, nos acogió con su sombra y el aire impregnado al olor de la foresta llenó nuestros pulmones. Mientras caminábamos encontramos vestigios de ciertos elementos que dan cuenta de lo que debió haber sido esa época en la vida de las personas que alguna vez habían jurado “rendir la vida si fuese necesario”. Nada fácil aquello. En circunstancias de vida tan extremas a lo que es normal y habitual, como lo es contar con una buena comida caliente, ropa de abrigo cómoda, cama blanda y una ducha con un buen chorro de agua, deja de serlo y entonces hay que luchar para adaptarse a esa nueva realidad. Cuánto desconocen muchas personas lo que todo ello significa y a la vez expresar o sentir tan poco reconocimiento –o nada- por el rol cumplido de parte de los que vivieron en precarias condiciones por largo tiempo en respuesta al llamado de la patria. La ciudadanía distante de la contingencia esa no imagina el esfuerzo humano desplegado. El tema ya es del pasado y hoy nos enfrentamos a otro momento decisivo en la tierra larga y angosta de Sudamérica. Las generaciones futuras quizás recordarán ambas situaciones, la memoria es muy frágil y la historia se cuenta de manera parcial muchas veces.

Continuamos caminando hacia la caleta que se presentaba varios metros debajo de la quebrada donde nos encontrábamos y llegamos fácilmente al Puente Río Robalo, a poco de andar nos introducimos a un parque temático de carácter “étnico natural” que luce prácticamente en el abandono y sin presencia humana, seguramente por las restricciones que ha impuesto la pandemia que se esparció desde la tierra de Mao Zedong. Al retirarnos de allí caminamos hacia la desembocadura del río, aquel lugar donde se encuentra con el Beagle, para observar el paisaje y fotografiar a unos caiquenes que compartían su espacio con algunas gaviotas. Luego volvimos a caminar hacia el puente y nos fotografiamos cada uno de manera alternada. Vladimir me devolvió mi cámara fotográfica en instantes en que se acercaba por la ruta un vehículo desde el oriente. Le hice señas para que se detuviese y cuando estuvo cerca le pregunté al conductor por la distancia que habría desde ese punto hasta el lugar de acceso al sendero que conduce a la “Cascada el Bronce”, respondió diciendo que estaba cerca y que ellos iban en esa dirección de modo que nos invitó a subir a su automóvil “todo terreno”. Al descender todos del vehículo, revisé mi mochila pues advertí menor peso en ella comprobando que faltaba mi cámara fotográfica, la busqué repetidas veces sin encontrarla. Me invadió un sentimiento de pesar y recriminación hacia mí mismo por haberla perdido. “Vladi” y yo volvimos sobre nuestros pasos en búsqueda del objeto que hacía varios meses me había regalado mi hijo mayor. El conductor del vehículo nos alcanzó luego de haber caminado un centenar de metros y nos llevó al lugar del infortunado hecho. No había rastro de mi cámara de hacer fotos. Regresamos nuevamente al lugar de inicio del sendero hacia la cascada. Nuevamente caminamos por un bosque de lengas, ahora más húmedo y fresco, escuchando por nuestro costado izquierdo el rugido del agua que buscaba su encuentro con el mar, mientras eso ocurría yo rogaba a mi Dios que me ayudase a recobrar mi cámara fotográfica. Ya en las cercanías de la cascada esta se hacía notar por el impacto del agua con las rocas varios metros más abajo, donde se forma un pozón que luce hermoso, pero que invita solo a algunos valientes para una zambullida, a los más tolerantes de entrar en contacto con sus gélidas aguas.


La contemplación del lugar fue reconfortante para nuestra mente y espíritu. Mientras estaba sentado sobre una piedra di gracias a Dios por la ocasión de estar allí y maravillarme una vez más con su creación. Luego de unos minutos en ello, Vladimir me invitó a compartir un pedazo de pan con queso y yo le retribuí con una de las naranjas que llevaba para la ocasión. Al regreso, mientras bordeábamos el río, me acerqué a un dispositivo que alguien instaló para rellenar cantimploras o botellas, con el fin de beber directamente un poco de esa agua fresca y pura que se encuentra rara vez en la vida cotidiana de tantas personas. Como no aprovechar esa oportunidad.

Caminábamos de regreso, cuando al terminar de subir una cuesta de poca pendiente escuchamos un vehículo que se detuvo a nuestro lado, eran las mismas personas que nos habían transportado previamente. Nos acomodamos rápidamente en el asiento trasero y la conversación fluyó entre los cuatro viajeros, acortando nuestro viaje de regreso a la pequeña ciudad de la comuna de Cabo de Hornos. Al bajarnos y despedirnos de los amables jóvenes residentes allí, me dirigí a la estación de radio local para solicitar se pusiese un aviso acerca de mi objeto perdido. Ya no había atención a esa hora, de modo que debía esperar hasta el día siguiente.

Acto seguido, habiendo comprado un vaso de café y un par de queques en un pequeño local de venta de alimentos, nos sentamos en una de las bancas de la costanera para disfrutar de la modesta merienda. Al terminar, mientras nos dirigíamos hacia una calle cercana a la costa, recibí una llamada por teléfono, era el 2do. Oficial del “Doña Ana” quien me preguntó si había salido con mi cámara fotográfica. Le contesté que sí, pero que la había extraviado durante la caminata de paseo indicándole también el lugar del extravío, de inmediato supuse buena noticia. El oficial de la nave agregó a continuación que había recibido un llamado por radio, donde le informaron que una persona había encontrado una cámara fotográfica mientras se desplazaba hacia Puerto Navarino y que a su regreso la había dejado en la Capitanía de Puerto pues se había dado cuenta, por las fotografías que había visto, pertenecería a una persona del tanquero fondeado a la gira en la bahía. Cuando escuché todo eso, me alegré muchísimo y agradecí a Dios por lo sucedido, al igual que a quien tuvo la honradez y gentileza de llevarla hasta el lugar donde pude recuperarla y ahora guardar bien en mi mochila.

El regreso a bordo fue muy grato por todas las experiencias vividas,  apreciando muchísimo la buena voluntad de quienes conocí durante la tarde del primer día de Diciembre de 2021.


P.D. Mi especial reconocimiento y gratitud hacia la persona que encontró mi artilugio fotográfico, el C° 1ro. Sr. P. Salazar (Distrito Naval Beagle), quien con su acto de buena voluntad dio cuenta de su alta condición de honorabilidad. 

viernes, 5 de julio de 2019



Ní Háo – Xié xié (Hola – Gracias)

(Jaime Barrientos Proboste-Capitán de Alta Mar)


El día había amanecido con menos nubosidad en Mechaico, pero todavía persistían algunos chubascos por causa del pequeño frente frío que había afectado la costa chilota desde el día anterior. Don Rigoberto, como de costumbre, llegó a la hora para recogerme y llevarme a la Capitanía de Puerto de Ancud que dista unos 7 kilómetros de ese lugar apacible y rodeado de vegetación. La tarde anterior yo había llegado al refugio familiar que por un par de años hasta ahora nos ha acogido en esa tierra sureña que sorprende con sus paisajes naturales, la hospitalidad de su gente nativa y sus costumbres y dichos tan peculiares que todavía encantan a sus visitantes provenientes de diversos lugares geográficos de vuestro cada vez más “pequeño planeta”. Son mayormente chilenos de la zona central y no pocos europeos y de Norteamérica los que se han atrevido a hacer su vida en diversos puntos del archipiélago de Chiloé. Es que la tierra, los bosques y el agua son un tesoro que día a día van adquiriendo mayor interés de parte de muchas personas que buscan darle otro tipo de valor agregado a sus vidas y han dejado atrás las ciudades de cemento y aglomeración humana.

Luego de dejar mi equipaje de viaje en la sala donde se aposta el personal de guardia y atención de público de la repartición naval ubicada cerca del muelle de pescadores, caminé a la frutería más cercana para comprar un plátano y una naranja a modo de asegurarme disfrutar sus sabores, previendo que no dispondría de ese tipo de alimentos durante los próximos cuatro días de estadía y trabajo a bordo. Estaba en esos afanes cuando mi colega de trabajo y yo nos encontramos en la calle. Él había llegado hacía pocos minutos a la ciudad, para  asumir también la tarea para la cual habíamos sido designados desde la oficina de pilotaje en Valparaíso.
La silueta de la motonave “Top Fortune” se veía claramente en las cercanías del Faro Corona cuando dejamos el muelle en la lancha “Río Pudeto”, en ella su tripulación nos recibió como siempre, de manera cálida y con buen sentido del humor. Mientras avanzábamos al punto de reunión de ambas naves, confirmamos con el Capitán la banda (o lado) para abarloarnos a ella y también la posición de la escala de prácticos cuyo extremo inferior debía situarse a un metro sobre el agua aproximadamente. Cuando ambas naves estuvieron a una
distancia aproximada de una milla marina y de acuerdo a las instrucciones dadas de nuestra parte en la comunicación radial sostenida con el mercante al momento de su ingreso a la “zona de transferencia”, esta giró a babor con fuerza para brindarnos la protección necesaria del viento y marejada proveniente desde el océano. Poco tiempo después, cuando los cascos de las naves se encontraron adosados, trepamos la escala para alcanzar la cubierta principal del buque y continuar nuestro ascenso para adentrarnos en el Puente de Gobierno. Luego del esfuerzo físico que demandó subir los peldaños de madera manteniéndonos bien agarrados de las cuerdas que dan forma al dispositivo dicho, caminamos por la amplia cubierta de acero y luego ingresar al caserío. Las escalas interiores de la superestructura del granelero aportaron con su cuota al esfuerzo físico que la maniobra había demandado, de modo que al llegar a darle la mano al Capitán de nacionalidad china yo estaba casi jadeando. Bueno, digo esto solo por mí, pues no advertí en qué estado de cansancio llegó mi colega al mismo lugar.

Posterior al apresurado saludo de rigor con la gente de abordo, enfilamos rumbo hacia la “campana grande”, una isla que se ubica en el sector occidental norte del Canal Chacao. Así, se dio inicio a una nueva travesía con destino a la Patagonia magallánica.
La nave granelera de casi 200 metros de eslora que había zarpado unas 30 horas antes  desde el puerto de Coronel, en la VIII Región, ahora se dirigía hacia su nuevo puerto de carga, Paranaguá, en el Estado de Santa Catarina donde embarcará 50.000 toneladas de maíz en grano con destino a Japón, la tierra del sol naciente. Brasil, país reconocido a nivel mundial por la samba, el fútbol y la cachaza, es también un tremendo exportador de materias primas, vehículos motorizados, cítricos y azúcar, entre otros bienes de consumo global.  Mientras el buque navega hacia la costa brasilera, la tripulación se afana preparando sus bodegas que transportaron 60.000 toneladas de carbón, ya descargadas en el puerto de Coronel. Ese cargamento había sido tomado en el puerto de Guaymas, estado de Sonora, Méjico.

El clima estuvo de nuestro lado durante los tres y medio días que demoramos en el trayecto desde Ancud hasta la Bahía Posesión y mientras el tiempo transcurría fuimos encontrándonos con algunas naves de menor tamaño que sirven en la logística de la industria salmonera. En la actualidad los canales que se encuentran al norte del Golfo de Penas hasta Puerto Montt, ya no bastan para criar las miles y miles de toneladas de salmón –el “pollo de mar” según el apodo que le he dado- ahora se producen también en canales cercanos al Estrecho de Magallanes, en la Patagonia chilena. Hombres y mujeres que viven en Puerto Natales y Punta Arenas, como también las personas que trabajan en los centros de cultivo han encontrado una oportunidad de trabajo para satisfacer sus necesidades cotidianas de sustento, educación y desarrollo personal.

Los canales del sur de Chile desde hace casi cuatro décadas ya no son los mismos, ni serán otra vez iguales. La industria llegó para quedarse por tiempo indefinido. Indudablemente que ejerciendo todos los involucrados sus roles con celo y esmero todo debería ir bien.

Ya se aproxima la lancha “Kaitek” -resplandor del sol, en lengua yagana- es momento de desembarcarnos pues nuestro trabajo ha llegado a su término…

lunes, 17 de junio de 2019


Biscocho y Papaya en el “Azamara Pursuit”
(Jaime Barrientos Proboste-Capitán de Alta Mar)



El tenedor que tenía en mi mano derecha con el cual había pinchado una porción de torta de biscocho y papaya, no alcanzó a llegar a mi boca porque tuve que responder a la pregunta que alguien me hizo en ese preciso momento. La señora que ya pasaba los 80 años de edad y que a su vez había servido su plato extendido con algunos bocados de comida china muy bien elaborados y presentados, cuando se acercó a la mesa donde yo estaba cenando, me dijo con una sonrisa en sus labios y su cara color de rosa pálida:

-      ¿ha comenzado usted a cenar comiendo el postre primero?

Yo también sonreí y le respondí que no, diciéndole:

-      Es que ya comí lo salado y ahora estoy disfrutando este trozo de torta, pues me encantan aquellas de biscocho.

A continuación agregué, como intentando que comprendiese mejor el hecho a esa hora de la tarde, pero temprano todavía para cenar:

-      Es que yo soy uno de los Prácticos de Canales que está a bordo para hacer nuestro trabajo de navegación dentro de la zona del mar interior de nuestro país. Vine a comer porque debo trabajar esta noche, dentro de pocas horas. Dormiré un breve rato y luego iré al Puente de Gobierno.

-      Ella, entonces me preguntó: ¿es usted chileno, dónde vive?

-      Sí, lo soy y vivo en Viña del Mar, Valparaíso.

Mientras ella trataba de ubicar en su memoria el lugar que le dije, me adelanté y le señalé que es una región ubicada a 120 kilómetros hacia el oeste de Santiago, la capital del país.

-      Ah, me respondió y se alejó sonriendo otra vez…

“Azamara Pursuit” en Muelle Prat - Punta Arenas, Chile

Gastón, mi colega de trabajo y yo nos embarcamos en el “Azamara Pursuit”, allá bien al sur de la región austral del cono sur de Sudamérica; en el puerto argentino de Ushuaia, aquel que se encuentra en la mitad oriental de la Isla Grande de Tierra del Fuego y en la ribera norte del Canal Beagle. Luego de pasar por el puesto de control de la nave ubicado en el muelle, cerca del portalón o escala real, subimos a la nave con nuestro equipaje y llegamos al siguiente lugar de control de paso hacia el interior del buque. Pasamos por el dispositivo de control de metales mientras un hombre joven de rasgos orientales nos guiaba al mesón de recepción. Allí se nos entregó la tarjeta con cinta magnética de acceso a nuestras habitaciones  y a continuación nos dirigimos a las cabinas asignadas. Luego, fuimos al Puente de Gobierno donde nos recibió el oficial de guardia y esperamos allí al Capitán de la nave, a quien ya se le había informado de nuestra llegada. Al poco rato aparecieron dos hombres amables que nos saludaron estrechando su mano con las nuestras. El primero de origen de la Gran Bretaña; de la Isla de Hombre, y al mando de la nave, acompañado del oficial que lo secundaba en el mando de origen helénico, de la tierra de los grandes filósofos de la historia universal.
Llegamos temprano a bordo, considerando que la nave zarparía recién a una hora cercana a la medianoche, lo cual difería de lo que se nos había informado al momento de conocer que pilotearíamos esa nave.
    Práctico de Canales Gastón Massa y Oficiales del “Azamara Pursuit”

En todo caso el asunto no tenía ninguna trascendencia en la realización del trabajo para el cual habíamos sido convocados.
A esa hora del día, que no era muy temprano pues restaban menos de dos horas para que el sol estuviese en el cenit del lugar, o sea, casi justo en la posición sobre nuestras cabezas, el momento de almorzar era el siguiente paso a seguir.
Tuvimos más de doce horas para acomodarnos y recorrer la nave y también para darnos cuenta de donde se encontraban las dependencias comunes de la misma, aquellas dispuestas para  todos los huéspedes donde nosotros también tendríamos acceso cotidiano durante nuestra estadía de trabajo a bordo.

    Glaciar Garibaldi, Cordillera Darwin – Tierra del Fuego, Chile

El glaciar Garibaldi que se encuentra al fondo del fiordo del mismo nombre y que se descuelga desde la Cordillera Darwin por su costado sur, mostraba una de sus mejores caras en un día medianamente soleado, pero suficiente para matizar con su luz el prístino paisaje compuesto por elevadas cumbre, bosques de lengas y ñirres  los cuales, sumados a la majestuosidad e inmensidad del hielo acumulado por miles de años, daban una imagen al visitante difícil de olvidar. Los hielos desprendidos de la masa que habían sido parte de ella, flotaban por doquier alrededor de la nave que se movía lentamente al paso de la nave. Cuando llegamos a un punto de distancia prudente al murallón de hielo, el Capitán reasumió el control de la navegación para gobernar la nave a su antojo y permitir la observación del paisaje a los pasajeros ubicados en distintos sectores del buque, tanto desde las cabinas como de otras dependencias que acomodaban a los pasajeros a bordo.

El agua, en sus diferentes estados en que la conocemos, siempre ha producido agrado al ser humano. ¿Será porque nuestra necesidad de ella es tan imperiosa para nuestra existencia? Como sea, existe un vínculo estrecho entre el hombre como especie, y el vital elemento que sustenta también la vida de todos los otros seres vivos que se encuentran en el planeta que habitamos. Ahora, estando frente al glaciar, una parte de nuestra mente y también en ese lugar de nuestro cerebro en que se nos revela la conciencia de existencia en este mundo, esa en que se definen nuestros sentimientos, se expresaba de alguna forma en especial para cada uno de las personas allí, al estar frente a un paisaje que constituía un espectáculo particular, la imagen de todo el cuadro frente a nuestros ojos se convertía en una para guardar en la memoria.

Pasan los días a bordo, dentro de un medio ambiente natural que caracteriza a la Patagonia de Chile, en el cono sur de Sudamérica. Las escenas que van sucediéndose una a otra cautivan las miradas y deslumbran a los visitantes que se han aventurado por esta región del mundo. Es una oportunidad imperdible para borrar y olvidar aquello que está en la mente y produce cansancio y pesar. Ahora es momento para limpiar la memoria -en la medida de lo posible- al igual que se hace con ciertos dispositivos electrónicos que ya son parte de la vida de las personas.
Mientras la nave avanza en su desplazamiento hacia el norte, en búsqueda de más sorpresas y satisfacciones que el viaje promete, hay tiempo disponible en abundancia para compartir la conversación con todos los que están dispuestos para ello. Así, las parejas de hombres y mujeres, los pequeños grupos de los mismos y aun los que se han apartado solos para vivir parte  de su vida en un entorno físico distinto por casi dos semanas, tienen variadas opciones a su disposición para hacerlo realidad.




VIVENCIAS EN EL “CELEBRITY INFINITY”
( Jaime Barrientos Proboste-Capitán de Alta Mar)


      MN Celebrity Infinity – Rada del Seno Reloncaví, Puerto Montt


El faro de” Cabo Primero” en el Golfo Trinidad ya se ve claramente, amanece en las aguas del Océano Pacífico colindante a los canales y fiordos de la Patagonia. Ya falta poco para ingresar al canal cuyo nombre recuerda a la nave comandada por Hernando de Magallanes, “Trinidad”. Esta nunca más volvió a España, llevándose todos los honores la “Victoria”, que navegó al mando de Sebastián Elcano y fue la única que sorteó los embates de los mares que surcó en su búsqueda de una nueva ruta a la tierra de las especias.

Me lavo la cara y mojo la cabeza, para ordenar el pelo que la almohada ha dejado revuelto luego de vueltas y vueltas y tratando de dormir un poco antes de asumir mis funciones de navegación en los recónditos parajes australes.  En poco más de una hora la aurora se iniciará y dejará ver las cumbres de Campo de Hielos Sur, mientras el faro “Tudor” deja ver su tenue luz y su estructura de color blanco con una franja colorada que la corta transversalmente en dos. Ya estamos frente al islote donde se encuentra instalado, lo cual significa que estamos en aguas resguardadas de las inclemencias del mar abierto, vasto y profundo. Por estas latitudes las aguas del Pacífico no son amigables y generalmente se convierte en un obstáculo mayor para la navegación donde las olas son de gran longitud (entre cresta y cresta) potenciadas por el viento reinante, normalmente de generosa intensidad también.
El Canal Concepción se abre ante nuestra vista y gobernamos la nave para dirigirnos hacia el sur. Punta Arenas está a un día de navegación desde aquí. El sol ha subido un par de grados y se deja ver abundante en luminosidad, mi colega se entera de la información que le entrego y continúa con la labor de pilotaje para la cual nos encontramos a bordo. Es momento para descansar por un rato y luego reasumir mi tarea en el Puente de Gobierno. Los oficiales griegos hacen lo mismo, se relevan y el “Celebrity Infinity” va en demanda de la Angostura Guía.

    MN Celebrity Infinity – Puente de Gobierno, Oficiales de Cubierta y Prácticos Abel Oliva León y Jaime Barrientos Proboste

Ya es hora del almuerzo y el Capitán toma el micrófono del equipo de comunicaciones que lleva su voz a las diferentes dependencias comunes de la nave. Allá en los comedores, pasillos, salones, áreas de esparcimiento y otros, llega la información del mediodía que habla de condiciones meteorológicas, millas navegadas y distancia restante al puerto de destino. También advierte de los cuidados a observar debido a que la nave experimentará movimientos bruscos por causa del estado del mar durante la navegación oceánica al salir del Estrecho Nelson y pasar al través de
Cabo Jorge. Luego de unas seis horas, la nave ingresará al Estrecho de Magallanes desde donde se observarán los grandes peñones Cabo Pilar. Allí, el movimiento de la nave cesará y la vida a bordo transcurrirá nuevamente en calma, como si estuviésemos en tierra firme.

Son las 2 de la tarde y mucha gente circula frente a todas las comidas dispuestas en vitrinas y bandejas para conservar su temperatura. Cada cual escoge lo que desea. Algunos en poca cantidad, otros en platos desbordantes. Yo, esta vez, prefiero las ensaladas surtidas. Lechuga, tomate, pepino, pimentón, tiras de mango y unas pocas papas con mayonesa. Luego, no me resisto y voy por un par de trozos de torta y una taza caliente de “Earl Grey”, el té que bebía Lady Di. Mientras disfruto la comida, observo a la gente, me gusta hacerlo. Ver sus gestos y adivinar, tal vez sus sentimientos y relación entre ellos. Hay matrimonios que se nota que han transitado por la vida juntos por largo tiempo y comparten la aventura de navegar en agua s y parajes desconocidos. Otros son jóvenes, están descubriendo nuevos lugares y haciendo lo mismo entre ellos. Varios de ellos, tanto de los que peinan muchas canas, como los de frondosa y brillosa cabellera, se atienden mutuamente. Ella o él, le brinda al otro su atención, haciendo del viaje uno en que se manifiestan mostrando que el otro -el más cercano a su corazón- le interesa en gran manera. Aquél con el cual han hecho o harán su vida juntos. Tal vez en casa hacen lo mismo, de todas maneras, lo que importa es que ahora se tienen el uno al otro más cerca que de costumbre y es la ocasión para renovar y fortalecer el vínculo que existe entre los mismos.

Mientras sigo bebiendo mi taza de té, un hombre mayor se para de su asiento. Lo hace con dificultad y se apoya en un bastón para dirigirse al mesón de pastelería. Es muy delgado así que parece que no pretende restringirse, su esposa le espera…     

viernes, 14 de julio de 2017

Zona de Pilotaje
                                             (Jaime Barrientos Proboste-Capitán de Alta Mar)

El viaje hacia Quintero transcurrió sin darnos mayor cuenta de ciertos lugares que normalmente marcan las etapas del trayecto de poco más de 42 kilómetros iniciados en Viña del Mar. La rotonda de Con Con, el cruce de la línea férrea utilizada por los trenes y su carga de mineral, el Puente Santa Julia y finalmente la otra rotonda que define el acceso al gran Puerto Industrial-Energético de la V Región de Valparaíso.

Bajamos del automóvil que nos llevó hasta el puerto de embarco y nos dirigimos a la Capitanía de Puerto, para registrar allí -en el cuaderno para esos efectos- nuestros nombres y datos de la nave a pilotear durante su tránsito por el Estrecho de Magallanes. Esto sería casi tres días y medio después que el buque largara sus amarras del terminal de Gas Natural Líquido (GNL).
Ya en el antiguo Muelle Asimar, identificamos la lancha que nos aproximaría al costado del buque tanque gasero. Este se encontraba en el costado norte del terminal de gas natural existente -ya por varios años- en las cercanías de la playa de Loncura.

La escala real del tanquero “Clean Energy”(1)  estaba casi al andar (paralela) de su cubierta principal y a una distancia cercana a los 16 metros sobre el nivel de flotación del buque. Una vez que la embarcación menor estuvo abarloada al casco del mercante, miembros de su tripulación, arriaron la escala de Prácticos. Cuando el dispositivo hecho de cuerdas y peldaños de madera estuvo en posición adecuada para embarcarnos, los marineros de la nave mayor hicieron lo propio con la “escala real”, posicionándola a una altura y ángulo apropiado y seguro para nuestro ascenso por ambos elementos de acceso a la nave. En el momento de aprontarnos a subir las escalas, la lancha experimentaba un movimiento vertical por causa de la marejada, la que en esos instantes tenía unos dos metros de altura. Pocos minutos pasaron cuando la lancha estuvo en la cresta de una ola y pudimos iniciar la escalada hacia la cubierta principal del buque. Nuestras manos se agarraron firmemente de los cabos y los pies se mantuvieron bien apoyados en cada peldaño dando cuenta de toda nuestra atención a la maniobra en desarrollo. Una vez cerca de la plataforma de la escala real, continuamos el ascenso hasta llegar  a la parte superior de la misma, donde el oficial de guardia que nos observaba, saludó amablemente y nos dio la bienvenida al buque.

Jorge Garavito y yo habíamos efectuado otras comisiones de pilotaje juntos en otras oportunidades, pero distanciadas una de otra. De eso había pasado bastante tiempo, así que ahora tendríamos la oportunidad de actualizar nuestras vivencias de pilotaje y otros variados hechos. No pasarían muchas horas hasta que los temas de conversación surgirían para amenizar los días de permanencia abordo, lo que ocurre normalmente en cada pilotaje, pero mayormente en aquellas comisiones que se inician o terminan en puertos ubicados fuera de la Zona de Pilotaje. Los temas que afloran usualmente, permiten fortalecer el vínculo de orden laboral, lo cual es un aporte en la tarea a realizar y a su vez ayuda para hacer grato el tiempo de embarco en particular.

Cuando estuvimos ya en la superestructura de la nave, uno de los oficiales de cubierta nos indicó cuales serían nuestros camarotes, donde pocos minutos después nos entregaron nuestras maletas conteniendo los efectos personales, cartas náuticas y computador con el programa de navegación “winplotter”. Respecto a esto último, seguramente el Almirante Jorge Swett nunca imaginó que su aporte tecnológico a la función ya dicha, se habría de constituir en la “ayuda a la navegación” más utilizada por varias decenas de Prácticos de Canales desde mediados del año 2000 en adelante. En la actualidad, esta herramienta de trabajo, ha pasado a ser parte esencial del equipamiento empleado para llevar a cabo la tarea de asistir la navegación por canales y fiordos de nuestro territorio al sur del paralelo 41° Sur, Sin lugar a dudas, su creador y el programa electrónico mismo ya tienen su sitial en la historia del pilotaje chileno.

El Capitán de nacionalidad india nos recibió de manera cordial justo en el momento en que estábamos ingresando a las cabinas asignadas. Le preguntamos si acaso ya conocía la zona de canales, a lo cual contestó que sí, agregando algunos antecedentes respecto a instrucciones de su armador y el pronóstico de tiempo que había obtenido recientemente. La condición meteorológica se vislumbraba favorable durante los próximos dos días de navegación oceánica hacia el sur. Nosotros confirmamos  lo anterior, agregando que el viento norte aumentaría de intensidad más al sur del Faro Corona, lo que a su vez nos impulsaría con mayor velocidad en demanda del acceso occidental del Estrecho de Magallanes.

Ya había amanecido cuando desperté después de nuestra permanencia a bordo las primeras 9 horas de viaje. Un vaso de jugo de naranja, leche con cereal (müesli) y una taza de té fue la ingesta a la hora del desayuno. La mañana estaba tranquila y soleada, lo cual invitaba a la contemplación del vasto océano de color azul, mientras la nave en lastre (vacíos sus estanques por haber dejado su cargamento en Quintero) balanceaba y cabeceaba suavemente rompiendo el agua al paso de sus 85.610 toneladas de desplazamiento.
Mientras eso ocurría, una vez más pensaba en el hecho de estar embarcado sin realizar todavía el trabajo para el cual nos encontrábamos a bordo. Desde mi trasfondo de marino mercante, siempre he pensado que permanecer a bordo en esas circunstancias, podría generar un cierto grado de incomodidad a la tripulación de la nave. Desde su Capitán, hasta el camarero, quien tiene que atender a dos personas más en el comedor. Es que de una u otra forma estamos invadiendo sus espacios comunes, siendo dos extraños que alteran un tanto su diario vivir y rutinas. El solo hecho de no tener un rol preciso y determinado, por sí constituye una situación poco frecuente a bordo de una nave mercante.

Por la proa se avizoraban casi 80 horas de navegación para llegar a los Islotes Evangelistas. Desde allí a Cabo Pilar, la entrada occidental del paso bioceánico descubierto por el insigne marino portugués, solo restaría un par de horas más para iniciar nuestro trabajo…


(1)        En la actualidad las naves GNL como la mencionada en esta nota han disminuido notablemente las solicitudes de pilotaje. Se estima que la gran mayoría de ellas utiliza el Canal de Panamá en sus navegaciones desde el Océano Atlántico al Océano Pacífico y viceversa. 

sábado, 22 de abril de 2017

Chile, Chiloé - Mechaico House (The Ark)
(jaimearturob@gmail.com)
MB Phone number +56 9 92223640

Sometimes I´m thinking about a place to be resting for a while, to be doing just nothing but enjoying the nature and not so populated places. So, a good option for me is spending a time in Chiloé, a southern island located in Chile, South America. In there you can get new experencies traveling alone or with somebody closer to you. Try it and you will be not disapointed...