Strait of Magellan & Chilean Fjords

viernes, 14 de noviembre de 2025

 

Buque de Naviera Wisdom

            (Jaime Barrientos Proboste-Práctico de Canales)

 

El buque granelero de propiedad de una compañía naviera con asiento en la china insular (Taiwán-Ex Formosa) en el cual nos encontrábamos embarcados mi colega y yo, se aprontaba a salir al mar océano por la boca occidental del Estrecho de Magallanes. En las horas previas a esa etapa del viaje hacia el norte del país, permanecíamos expectantes de ver como se comportaría la nave cuando estuviera totalmente expuesta a la inclemencia del temporal que azotaba gran parte de la Patagonia chilena. El mal tiempo se había hecho sentir durante todo el trayecto iniciado a temprana hora de la madrugada del día anterior en la Bahía Posesión -allí muy cerca del acceso al Estrecho de Magallanes cuando las naves se aproximan por el Océano Atlántico- hasta ese momento en que el Cabo Pilar se mostraba fuerte y claro en las pantallas de radar y el dispositivo de cartas electrónicas, luego de casi 24 horas de estadía a bordo.

 

La noche anterior, cuando la escala de prácticos estuvo a nuestro alcance, una ola estalló entre la lancha que nos transportaba y el negro casco del buque que se insinuaba aún más largo de lo que sus medidas oficiales acreditaban, sumado a ello su reducido franco bordo lo hacía ver como una gran viga flotando en el mar.  Sin duda, la envergadura de la nave revelaba ser una poderosa construcción, en cuyas bodegas se transportaban más de 70.000 toneladas de carbón de origen mineral. Mientras se desplazaba por las oscuras aguas, en su navegar removía otras tantas miles de toneladas de agua salada. Procedía desde su puerto de carga en Colombia, siendo su destino un puerto de la zona norte de Chile. Al embarcar en dicha nave, cuando Jorge iniciaba su ascenso pegado al casco y bien agarrado de la escala de cuerdas y madera, el pantalón de Jorge recogió parte del agua de un challazo que volaba por el aire impulsada por el viento reinante. Luego fue mi turno y con un poco de suerte llegué seco a la cubierta principal.

 

Como es costumbre durante la maniobra descrita, uno de los Prácticos de Canales se dirige aprisa hacia el puente de Gobierno, mientras el otro espera el bagaje hasta que es izado por un par de marineros desde la lancha hasta la cubierta de la nave mayor. Entonces, este último se encamina hacia el interior del buque para acomodar el equipaje de cada uno en las cabinas asignadas.

 Ya en el Puente de Gobierno, llamado “Wheelhouse” o “Bridge” en lengua anglosajona, ambos marinos pasan a ser parte del equipo humano de trabajo conocido como “The Bridge Team”. Este término y la pertinente normativa fue definido hace varios años por quienes trabajan en la creación y publicación de muchas de las normas reglamentarias que son reguladas en la Organización Marítima Internacional (O.M.I.) con sede en Londres, Reino Unido y aplicadas a las naves mayores y sus dotaciones destinadas al transporte marítimo.

 

Una vez verificada la condición de los camarotes o cabinas asignados a nosotros, los nuevos “huéspedes”, subí las tres cubiertas que nos separarían de la zona de trabajo y nuestro lugar de descanso, para presentarme al Capitán de la nave. Luego de abrir la puerta del Puente de Gobierno, nos saludamos  e  intercambiamos información complementaria a lo que ya había hecho mi colega. Características de la nave, condiciones evolutivas de la misma, velocidad a desarrollar en diferentes condiciones de mar y corrientes marinas, condiciones climatológicas y otras de carácter técnico para así proponer la ruta a navegar dentro y fuera de la zona de canales. Mientras tanto, el Práctico de Guardia, que ya había asumido el control de la navegación con la anuencia del Capitán de la nave, se aprontaba a enfilar  la nave hacia la Primera Angostura. Pocos minutos más tarde, cuando estuvimos al través del VTS (estación de control de tráfico marítimo) de Punta Delgada, nos reportamos a esa estación naval comunicándole fechas y hora de del buque por determinados puntos de la ruta a navegar.

 

Cuando la luz del sol ya no alumbraba las cumbres del paso bioceánico, la nave continuaba su desplazamiento hacia el Océano Pacífico, su andar disminuía poco a poco por causa de las rachas de viento que alcanzaban a los 50 nudos procedentes del Nornoroeste. Estas producían un fuerte ruido al encontrarse con la metálica estructura que avanzaba en esa dirección a través del Paso del Mar. La oscura noche y la lluvia intensa agregaban mayor expectación al escenario que encontraríamos al pasar al través del Cabo Pilar y comenzar a adentrarnos en el océano, abierto e imbatible. No tan lejos, allá en Los islotes Evangelistas, los hombres de la Armada de Chile que permanecen por largos períodos instalados allí, serían al cabo de algunas horas, nuestro próximo y último contacto radial con la tierra magallánica de nuestro país. A ellos les reportaríamos nuestro paso por sus inmediaciones y otros datos que son parte del protocolo de seguridad marítima establecido por la autoridad asentada en el puerto de Valparaíso.

Era nuestro segundo día a bordo cuando el Capitán nos comunicó que requería una opción más segura para la nave dadas las adversas condiciones de viento y mar, de modo que solicitó que enfiláramos hacia Cabo Jorge, para así entrar a los canales patagónicos y capear las altas y poderosas olas que provocaban persistentes balances pronunciados a la nave. Ya por el mediodía pasamos el Cabo Jorge, una vez que estuvimos en las protegidas aguas del Estrecho Nelson nos acogió un mar en calma. El movimiento incómodo y agotante cesó y la vida a bordo se tornó más llevadera.

 

A la hora de almuerzo, el camarero llegó al Puente de Gobierno con una bandeja y dos platos de sopa de pollo que pretendía ser una cazuela para nosotros, pero sin todos los ingredientes conocidos dentro de nuestra cultura culinaria chilena. Antes, yo le había hecho un listado al oficial de Guardia con los ingredientes básicos que el cocinero necesitaría usar -si lo tenía a bien- para componer y preparar ese plato conocido para nosotros.

Más tarde, en el tiempo de mi descanso y para nuestra fortuna, se dio la ocasión para que yo preparase nuestra cena de modo que el cocinero, con mucha amabilidad, me permitió preparar una pequeña porción de arroz con algunas verduras que le diesen aspecto y sabor distinto al arroz blanco y lavado que acostumbran comer los habitantes del lejano oriente. No tardó el cocinero en observar lo que yo cocinaba en ese momento, siendo así que los días siguientes preparó nuestra comida de manera muy similar a nuestro estilo e incluso copió muy bien la cazuela de pollo.  

Ya le había contado a Jorge que en otro buque en el cual preparé pechuga de pollo al jugo con variadas verduras, el cocinero también me copió la fórmula y la repitió, de manera que en esa ocasión comimos lo mismo durante cuatro días a la hora de almuerzo y cena. Estas situaciones son parte de las anécdotas y vivencias encontrarse con gente de distintas nacionalidades y costumbres en las naves mercantes de tráfico internacional.

 

En nuestra ruta por el Canal Sarmiento, estando en las proximidades de la Angostura Guía, nos encontramos con naves menores cuyos tripulantes dan muestra de fortaleza y coraje notables al navegar y trabajar en una zona que se caracteriza por sus bajas temperaturas y generalmente azotada por fuertes vientos y lluvia. Ellos se dedican a la extracción de algunos recursos marinos como lo son bivalvos y crustáceos de gran tamaño, durante las épocas establecidas por la autoridad de pesca pertinente. Sus bodegas, capaces de almacenar varias toneladas de esos productos, son transportadas desde los helados fiordos de la región donde se encuentran los Campos de Hielo Sur, hacia el puerto de la ciudad enclavada en el Seno de Última Esperanza, Puerto Natales. También y con el mismo lugar de destino, por un costado de nuestra nave, nos encontramos con el “Trinidad I”, en su ruta desde Puerto Montt, sirviendo a la conectividad marítima entre la Región de Magallanes y la Región de Los Lagos, mientras por el otro costado de nuestra nave observamos el lento desplazamiento del “Ultra Tronador”, que esperaba mejores condiciones de mar y viento en el Canal Concepción, para entrar al Terminal Marítimo de la Isla Guarello –aquella de los hombres solos- y embarcar un nuevo cargamento de piedra caliza cuyo destino usual es el muelle de Huachipato, en la VIII Región. A lo lejos y a una distancia poco mayor a las veinte millas nos seguía aguas el buque de pasajeros “Cristal Simphony”, nave de pasajeros en la que estuve hace varios años en la cual se encontraba de guardia Eugenio, con quien hablé por pocos minutos contestando a su llamada por VHF.

 

 

MN “Sakizaya Noble” – Tercer Piloto y Timonel

 

El viento ya había comenzado a disminuir en intensidad cuando el destello del faro Tudor estuvo por nuestro costado de babor. La ola del suroeste comenzó a manifestarse con poca energía que la que se esperaba, de manera que no iba a ser necesario capear ninguna condición de viento y mar adversas a nuestro navegar buscando refugio en los canales Ladrilleros y Fallos, que se encuentran en la ruta previa a enfrentar el Golfo de Penas. La llegada a la Estación de Prácticos de Laitec, allá en el lado sureste de la Isla Grande de Chiloé, ya se podía estimar con mayor precisión.